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Oleaje y temporal en Donostia

DONOSTIA – SAN SEBASTIÁN (GIPUZKOA)
Todo el mundo que me conoce un poco sabe que estoy enamorado de Donostia.

Todos mis amigos acaban dando una vuelta por ella antes o después: playa (cuando se puede), paseo por la parte vieja y sus pintxos, subir a Igeldo

A pesar de esto, lo que más me gusta de Donostia ocurre media docena de veces al año (con suerte): el fuerte oleaje que suele azotar Donostia cuando se acerca el invierno (o con el invierno bien metido ya).

Y es que en días de temporal, lo “normal” son olas de entre 5m a 10m, pero hay veces incluso que se han fotografiado olas de cerca de 20m. Y si os ponéis a pensar, 20m son muchos metros… La pena de estas olas es que se suelen dar mar adentro y van perdiendo fuerza según van llegando a la costa.

Hay varios sitios para poder ver este oleaje pero yo destaco dos:

Hace unos años pasé por el Peine del Viento me dejó unas buenas sensaciones impresionantes. No tanto por lo impresionante de las olas, sino por el sonido. Las olas y el viento entran por los chorros crean una atmófera increíble.

Pero el SITIO para ver el fuerte oleaje donostiarra es el Paseo Nuevo. Sin duda.

Tanta suele ser la fuerza de las olas que no hay año en el que no pase algo en el paseo: se cae parte del paseo nuevo al mar, se abre un socavón de 20m, rompe la barandilla de la concha, cae una piedra de enormes dimensiones, inundaciones…

Para tener un poco controlada la hora de mayor altura de ola, me suelo guiar por Windguru, que es la página que utlizan los surfistas para las olas.

Dada la temporada en la que sucede, es mejor que haya menores olas y que sea más temprano, porque anochece enseguida y la luz es primordial (siempre puede llegar una olaza), aunque este factor cambia si vas a hacer fotos o solo a contemplar el espectáculo…

Se suele juntar mucho fotógrafo y curioso por allí, algunos de ellos, contando batallitas: que si cuando eran pequeños jugaban con las olas, que si se sentaban en los bancos a ver quien aguantaba más tiempo sentado…

Ahora, la policía local acordona toda la zona y hay pocos lugares para ver el temporal.

El mejor sitio, es el que os marco en el mapa. Para llegar, y como casi seguro que los municipales habrán cortado el paseo desde el puerto, tendréis subir las escaleras desde la Parte Vieja como si fuéseis a subir hacia Urgull y allí, seguid el paseo hacia los miradores.

Más fotos, más grandes y más info en este post de Se hace camino al andar.

Parque Natural del Moncayo

TARAZONA (ZARAGOZA)
Nos levantamos pronto por la mañana, después de una buena juerga, dispuestos a conocer el Parque Natural del Moncayo.

Salimos, con nuestra señora resaca, hacia el centro de interpretación del Parque. No tardamos más de 15 minutos desde Tarazona y, a pesar el corto trayecto, subimos un desnivel de 600m. Antes de llegar, pasamos por una de las sorpresas del viaje: “la cuesta mágica”. En el video no se aprecia ni la mitad de la impresión que deba ese efecto. A simple vista, era una cuesta abajo, pero si dejabas el coche en punto muerto (o una botella en el suelo), parece que subía.

Llegamos al Centro de Interpretación (976 192 125) donde nos explicaron brevemente qué era lo que íbamos a ver. Muchas de las cosas que allí se encuentran van destinadas a las visitas de las escuelas, para que los niños aprendan jugando, pero tengo que confesar que yo aprendí unas cuantas cosas también. Pudimos ver un audiovisual perfecto: corto, directo y educativo. También encontramos juegos y una exposición interactiva. Muy recomendable.

En uno de los juegos había unos troncos en los que apretabas un botón y salía el olor del árbol, así puedes relacionar corteza, hoja y olor. Pues bien, había uno que yo decía que estaba vacío, recién limpiado (por que olía muy bien) y parecía no tener hojas peeeeero se trataba de la frambuesa. ¡Qué de pueblo soy!

La ruta elegida fue “Sendero AG-2 – Itinerario Botánico Agramonte – Fuente de la Teja”.

Tuvimos la suerte de que el Parque Natural del Moncayo se encontrase entrando en el otoño, con muchas hojas caídas pero manteniendo fuertes colores verdes. No sé si hay mejor fecha para visitar el lugar.

A pesar de lo que pueda parecer, la cima del Moncayo no es para tomársela a broma ya que los cambios de tiempo se producen en escasos minutos. Son totalmente seguros, pero hay que extremar la precaución. El 100% de los casos de pérdida son de gente que no se toma enserio la montaña.

Descubrí que el Moncayo tiene vistas a las comunidades de Aragón, La Rioja, Castilla León y Navarra. Menudo enclave, ¿verdad? Además de esto, la zona norte y la zona sur son totalmente diferentes tanto en vegetación, fauna, climatología… Todo esto es debido a las nubes: las que vienen cargadas del agua norteña se chocan con el Moncayo, tienen que soltar agua para poder seguir y esto hace que haya precipitaciones en ese lado. Pocas suelen llegar a la cara sur, así que os podéis hacer una idea de la increíble diferenciación.

Otra cosa que aprendí:
¿Sabéis que flor tiene macho y hembra?
El abeto acebo.
¿Y cuál es cuál?
Como siempre, la que da fruto es la hembra.
¿Por qué tienen espinas solo por abajo?
Como medida de protección contra los animales (y personas). El problema vendría si tuviésemos jirafas, pero todavía no se ha dado el caso…

Seguimos en paseo entre una vegetación espectacular y llegamos a un merendero de quitarse el sombrero. Hacía calor, y además estábamos muertos, pero hacía un fresquito genial. Mirad que sitio. No me digáis que no apetece sacarse la fiambrera con una bota de vino…

Para acabar la visita, paramos a tomar un tentempié en el Restaurante Agramonte, donde nos sorprendieron con un exquisito queso de la zona y, sobre todo, con una estupenda mermelada de boletus. ¡Tuvimos que repetir!