Entrevista viajera: Xabier Villanueva

Me llamo Xabier Villanueva (@xvamadoz), tengo 29 años, vivo en Barañain (Navarra) y soy un escritor en busca de editorial para su primera novela, ‘El péndulo de hielo’, travel blogger e informático. Lamentablemente, todo esto no me sirve para escapar del paro.

Llevo viajando desde que tengo uso de razón y, a pesar de que empecé a escribir en un blog de cine en el 2009, el blog de Comoserunkiwi.com no abriría sus puertas hasta marzo de 2010.

¿Cuál fue tu primer viaje? ¿Tu primer recuerdo?

Mis primeros viajes fueron a Calpe y Cullera. Eran veranos de aquapark, sol y playa con mi familia, aunque no sería hasta, probablemente Lanzarote, cuando empezaría a tomar conciencia de esas aventuras. ¿El primer recuerdo? Quizás el que se asoma subido a una joroba de un camello caminando por las volcánicas tierras del Timanfaya.

¿Cómo te lo sueles montar?
¿Hoteles? ¿Albergues? ¿Restaurantes? ¿Planificación?

Las planificaciones y yo no hemos hecho muchas migas en todo este tiempo. En este sentido soy bastante anárquico y, salvo la primera noche, suelo dejar que el libre albedrío del tiempo tome las decisiones por mí. Desde que viajo por mi cuenta, y debido al presupuesto, suelo desechar los hoteles, aunque todavía no se ha dado el caso de probar otras alternativas como el ‘Couch Surfing’.

En cuanto a los restaurantes, lo normal es que los rehúya a la hora de comer y aproveche para comer algo rápido sobre la marcha. A la hora de cenar, cuando las piernas ya necesitan un descanso, es cuando suelo mirar para comer algo en una mesa hecha y derecha.

¿A qué lugar de los que has ido volverías ahora mismo?

Volvería a Nueva Zelanda con los ojos cerrados; a cualquier enclave de sus dos grandes islas, a cualquier acantilado de sus sinuosas costas, a cualquiera de sus picos de los Alpes del sur, a cualquier recodo dentro del Parque Nacional de los Fiordos, a esos 12.000 pies de altura y cayendo a más de 200 km/h sobre el lago Taupo donde casi podía tocar con la yema de los dedos el Parque Nacional de Tongariro, o lo que es lo mismo, las tierras de Mordor.

¿Cuál es tu ciudad favorita?

No tengo ciudades favoritas, si bien es cierto que me encantaría volver a naufragar por las calles de París, Praga y Budapest.

¿Qué lugar te gustaría descubrir por primera vez?

Son tantos los lugares desconocidos que es imposible escoger. Y luego están los sitios que no conocemos, que pueden ser incluso mucho más atrayentes que los que observamos desde el otro lado de una postal. Así, a bote pronto, se me ocurriría cualquier país de Asia o aquel destino que me permitiera ver auroras boreales.

¿Has tenido alguna mala experiencia alguna vez?

De momento no. Hasta la fecha todo han sido anécdotas o amagos de hurto que no se han llegado a producir. Cruzaremos los dedos para que todo siga por este cauce.

¿Un recuerdo bonito en algún viaje?

Uno de los recuerdos del que guardo mayor estima es, al mismo tiempo, uno de los más tristes. Se remonta a las Navidades del 2010 cuando, en una excursión por el estado de Chihuahua, en México, un niño mudo del pueblo tarahumara me cogió cariño y no quería desprenderse de ese abrazo, mutuo e indivisible, en la inevitable despedida. Quizás al llevarlo a caballito durante un buen rato le hizo sentirse especial, o quizás es que ese mismo hecho nos valió a los dos para comunicarnos con el lenguaje más universal de todos: el afecto.

¿Como llevas los idiomas? ¿Cómo te las apañas en tus viajes?

Con el inglés te puedes apañar bastante bien pero, sinceramente, si no hubiera viajado por Marruecos con otra persona que sabía hablar francés, hubiera vuelto con menos dinero casi seguro. Hubiera sido curioso, aunque no deja de ser un reto, como el de recorrer China de cabo a rabo sin saber una sola palabra de chino. Ésa sería una buena prueba de fuego que espero probar algún día.

Si no logras hacerte entender, lo mejor es usar el sentido del humor. Una sonrisa puede abrir más de una barrera. Además, siempre está el recurso de los gestos.

¿Qué es lo que no puede faltar nunca en tu maleta?

La mitad de la maleta debe ir vacía para que, a la vuelta, haya podido rellenarla con todas esas experiencias que son tan necesarias para avivar las llamas de un nuevo viaje, de un nuevo amor a primera vista hacia un destino desconocido. Un diario, un bolígrafo y un lector electrónico; estos tres elementos completarían mi equipaje.

Eres viajera pero también fotero:
¿Qué equipo sueles llevar? ¿Cuál sería tu equipo perfecto?

Me gusta sacar fotografías, aunque no por ello me considero fotero. Cuando vivía en Bruselas perdí mi cámara compacta de largo zoom, y desde entonces ando de prestado, siempre con una compacta, ya que tampoco me veo llevando muchos kilos por usar una reflex.

Como equipo perfecto, si debo olvidarme de tener a un compañero que me lleve todo el material compuesto por trípode y objetivos, me gustaría probar una de esas cámaras sin espejo de micro cuatro tercios. Sus prestaciones me parecen muy interesantes.

¿Por qué creaste el blog?

Me iba a Nueva Zelanda para una larga temporada, así que para comunicarme con familiares y amigos era la opción más idónea. He de añadir que por aquel entonces apenas había información en castellano sobre ese país, y se daba el caso que quería entrenar mi escritura para la elaboración de la que sería mi primera novela.

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