Parque Natural del Moncayo

TARAZONA (ZARAGOZA)
Nos levantamos pronto por la mañana, después de una buena juerga, dispuestos a conocer el Parque Natural del Moncayo.

Salimos, con nuestra señora resaca, hacia el centro de interpretación del Parque. No tardamos más de 15 minutos desde Tarazona y, a pesar el corto trayecto, subimos un desnivel de 600m. Antes de llegar, pasamos por una de las sorpresas del viaje: «la cuesta mágica». En el video no se aprecia ni la mitad de la impresión que deba ese efecto. A simple vista, era una cuesta abajo, pero si dejabas el coche en punto muerto (o una botella en el suelo), parece que subía.

Llegamos al Centro de Interpretación (976 192 125) donde nos explicaron brevemente qué era lo que íbamos a ver. Muchas de las cosas que allí se encuentran van destinadas a las visitas de las escuelas, para que los niños aprendan jugando, pero tengo que confesar que yo aprendí unas cuantas cosas también. Pudimos ver un audiovisual perfecto: corto, directo y educativo. También encontramos juegos y una exposición interactiva. Muy recomendable.

En uno de los juegos había unos troncos en los que apretabas un botón y salía el olor del árbol, así puedes relacionar corteza, hoja y olor. Pues bien, había uno que yo decía que estaba vacío, recién limpiado (por que olía muy bien) y parecía no tener hojas peeeeero se trataba de la frambuesa. ¡Qué de pueblo soy!

La ruta elegida fue «Sendero AG-2 – Itinerario Botánico Agramonte – Fuente de la Teja».

Tuvimos la suerte de que el Parque Natural del Moncayo se encontrase entrando en el otoño, con muchas hojas caídas pero manteniendo fuertes colores verdes. No sé si hay mejor fecha para visitar el lugar.

A pesar de lo que pueda parecer, la cima del Moncayo no es para tomársela a broma ya que los cambios de tiempo se producen en escasos minutos. Son totalmente seguros, pero hay que extremar la precaución. El 100% de los casos de pérdida son de gente que no se toma enserio la montaña.

Descubrí que el Moncayo tiene vistas a las comunidades de Aragón, La Rioja, Castilla León y Navarra. Menudo enclave, ¿verdad? Además de esto, la zona norte y la zona sur son totalmente diferentes tanto en vegetación, fauna, climatología… Todo esto es debido a las nubes: las que vienen cargadas del agua norteña se chocan con el Moncayo, tienen que soltar agua para poder seguir y esto hace que haya precipitaciones en ese lado. Pocas suelen llegar a la cara sur, así que os podéis hacer una idea de la increíble diferenciación.

Otra cosa que aprendí:
¿Sabéis que flor tiene macho y hembra?
El abeto acebo.
¿Y cuál es cuál?
Como siempre, la que da fruto es la hembra.
¿Por qué tienen espinas solo por abajo?
Como medida de protección contra los animales (y personas). El problema vendría si tuviésemos jirafas, pero todavía no se ha dado el caso…

Seguimos en paseo entre una vegetación espectacular y llegamos a un merendero de quitarse el sombrero. Hacía calor, y además estábamos muertos, pero hacía un fresquito genial. Mirad que sitio. No me digáis que no apetece sacarse la fiambrera con una bota de vino…

Para acabar la visita, paramos a tomar un tentempié en el Restaurante Agramonte, donde nos sorprendieron con un exquisito queso de la zona y, sobre todo, con una estupenda mermelada de boletus. ¡Tuvimos que repetir!


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