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#Currytrip DÍA 7 – Subida en elefante al Fuerte de Amber y visita a Jaipur, la ciudad rosa

7/22 · (2012-10-25)

Después de la fiesta de ayer, hemos quedado a las 8,30h con Gattu, que ha quedado en enseñarnos la ciudad rosa: Jaipur. ¿Qué mejor guía que un indio, que trabaja de guía, que habla castellano y que vive en el mismo Jaipur? Tener un guía que hable inglés es un chollo, pero uno que hable español… ¡es un lujazo!

Nos levantamos pronto para poder desayunar sobre las 8.00h. A las 8.30 viene puntual Gattu y nosotros seguimos en el comedor, que aun no nos han servido las tostadas con tortilla que hemos pedido. Después de esperar casi una hora para desayunar, no me como la tortilla porque lleva tomate y cilantro. Este último no lo trago. Nunca mejor dicho.

Salimos rumbo al Fuerte de Amber, un pueblo a 11km de Jaipur, con Gattu como copiloto, preguntándonos qué queremos hacer. Nos dice que se puede subir al Fuerte en elefante y eso me cambia la cara. ¡Los elefantes solo los había visto en los zoos!

Aparcamos para ver el pueblo desde un mirador y nos encontramos con un encantador de serpientes y estamos apunto de ser arrollados por un elefante. This is India!

Después de una subida movida (menudos meneos que pega el elefante), y adelantando a todos los guiris (llevamos el elefante con una guindilla en el culo), llegamos a la cima donde nos está esperando Gattu (también se puede subir andando).



çNos muestra el Fuerte, vemos el Palacio de Cristal (edificio con miles de espejos -incluso diminutos-), un jacuzzi de hace cientos de años y, nos cuenta, infinidad de batallas que allí sucedieron. ¡Madre mía lo que no ha pasado allí!

¡Y las vistas son de las que quitan el hipo!

De vuelta rumbo a Jaipur, hacemos parada para ver el palacio Jal Mahal (Palacio del Agua), que está en mitad del lago Man Sagar. ¡Impresionate!
Ya en Jaipur, junto al Palacio Real (frente a la puerta de entrada), descubrimos que se está rodando una película de Bollywood (un accidente de tráfico entre un coche y un camión), así que nos quedamos por allí hasta que empiezan a rodar. Por ahí saldremos, de fondo en una película de Bollywood, como los únicos 2 blanquitos del lugar… (No sabemos título y tampoco creo que nadie nos diga que nos ha visto).

Una vez dentro, y por la posición de la bandera, descubrimos que hemos coincidido en Palacio con el Majarajá de Jaipur. A ver qué os pensáis, que el Majarajá de Jaipur es un niño de 14 años…

Conocemos al primo de Gattu, otro guía que habla castellano (pero con peor dominio de la lengua) que está de guía de un médico de Costa Rica. Terminamos de ver el palacio y vamos a comer todos juntos.

En mitad de la comida, me da la impresión de que los guías indios (Gattu y su primo) están hablando mucho de mí (y Andoni también lo piensa) y al final, viendo que me estaba mosqueando, me dicen que estaban tratando de emparejarme con una prima… ¡Si no es por media docena de elefantes nada!

Vamos a ver a un amigo de Gattu, que tiene un taller de pintura, hay cuadros preciosos y baratos, pero es demasiado pronto como para comprar nada. ¿Qué hacemos con todo el resto del viaje? Nos cuenta que es tal el nivel de precisión que hay que tener para pintar esos cuadros, que solo se dedican a esas pinturas cerca de 30 minutos al día porque sería malo para los ojos… Como recuerdo, nos escriben nuestro nombre en un grano de arroz.

De allí, vamos a ver la Hawa Mahal (fachada de la casa de los vientos), que es de lo más típico de Jaipur, que es lo que aparece en todas las postales.
Allí, y frente a ella, nos encontramos con más guías amigos de Gattu y, nos ponemos a charlar con ellos un rato. Algunos en castellano, otros en inglés. De repente, nos dicen:

  • ¿De donde sois?
  • España.
  • Ya pero, ¿qué zona?
  • País Vasco.
  • País Vasco no es España.

A lo que va otro y dice:

  • Ze moduz neska polita?

Ahí queda eso. La cara que se nos queda a Andoni y a mí debe de ser de las de órdago…

Seguimos de ruta por Jaipur, pero ahora vamos a ver la fachada del Museo Albert Hall. Este museo está plagado de palomas y es espectacular correr entre ellas… ¡Y mira que me caen mal dan asco!
Cuando íbamos camino del hotel, Gattu nos pregunta si queremos ver/comprar ropa, que esta zona es la mejor para comprar ropa/piedras preciosas de toda India, así que le decimos que sí, le dice al taxista que nos lleve a una tienda y él se baja en casa.

Una vez en la tienda, yo me compro una kurta; Andoni se hace a medida 2 kurtas, 1 camisa y 3 pantalones.

#Currytrip DÍA 4 – El Taj Mahal y el Fuerte Rojo de Agra

4/22 · (2012-10-22)

Después de tener visto gran parte de Delhi, decidimos que es hora de ir a Agra a ver el Taj Mahal (una de las pocas cosas que teníamos claro que íbamos a ver), así que alquilamos un taxi.

Habíamos quedado para salir a las 6:30h en la puerta del hotel, pero a las 6:00h nos llaman por teléfono para recordarnos que teníamos excursión (por si acaso). A las 6.31h tocan a la puerta, para avisar que vamos tarde…

Agra cae un poco a desmano de Delhi, ya que tenemos unas 3 horas de trayecto que Andoni las pasa dormido y roncando, pero yo voy embobado mirando por la ventana: se ven poblados, pueblos, dromedarios, cientos de vacas, cientos de perros, monos, cerdos, caballos, pollos, gallinas, gatos…

De repente, el taxista nos para en un sitio, sale, desaparece y empieza a llegar “fauna salvaje” a rodear el taxi. Son unos saca-dinero: para que nos hagamos fotos con monos, gente pidiendo dinero e, incluso, viene un niño con una cobra. Tal y como se fue, el taxista vino y retomamos el camino.

Al rato, se para a echar gasolina y paga 900r por 16,60l, por lo que el litro de gasolina está a 54,22r (0,78€). Para el nivel de vida, no está nada barato…

Llegamos a Agra y, después del atasco monumental, vamos al extra-radio a buscar al guía. Una vez montado en el asiento del copiloto, nos va explicando cómo va el tema y lo que queremos hacer. Le explicamos que, en un principio, no nos iremos sin ver el Taj Mahal y el Fuerte Rojo.

El taxi nos deja en el parking del Taj Mahal (a 1km de la entrada), porque después de la última limpieza del Taj Mahal en 2008, se prohíbe la circulación de vehículos a motor para mantener la polución alejada (en la medida de lo posible) del Taj Mahal.

Compramos entrada, nos dan una botella de agua y bajamos en remolque de caballo hasta el Taj Mahal. Había opción de bajar andando o en coche-eléctrico (incluido en el precio), pero el día promete ser largo, el coche tiene que esperar a llenarse y el caballo cuesta 2 duros… Aun así, seguro que nos timaron.

Entramos al recinto y comenzamos a caminar. Yo estaba empeñado en buscar el Taj Mahal pero, a pesar de mis intentos, no se ve a primera vista. Ni siquiera una puntita de alguna torre. Damos un paseo por los jardines exteriores, tumbas hasta que atravesamos el Darwaza (fuerte de acceso).

Ahí aparece el Taj Mahal, de repente. Nada hace sospechar lo que nos vamos a encontrar allí.
¡Todo lo que se diga del Taj Mahal es poco!

El Taj Mahal ha sido nombrado una de Las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno. También está reconocido como Patrimonio de la Humanidad.

Creado a mediados del s.XVII por orden del emperador musulmán Shah Jahan, totalmente realizado en mármol blanco, traído durante años desde más allá de 300km de distancia. Los medios de transporte: sobre todo elefantes que viajaban día y noche. En su construcción tomaron parte unos 20.000 obreros.

Me llama la atención la cantidad de indios que hay haciéndose fotos hacia la parte de atrás del Tal Mahal, hacia el río Yamuna. Que, por muy «afluente del Ganges» que sea, ¡tienes delante el Taj Mahal!

Vamos terminando el recorrido, bordeando la fuente y mirando de vez en cuando hacia atrás, que aquí merece todo… Esta visita pone los pelos de punta.

Antes de salir, me veo en la obligación de pedir otros 5 minutos para hacer otras fotos de «por si acaso». No creo que vuelva al Taj Mahal y quiero estar seguro de llevarme fotos…

Para subir, subimos en el coche eléctrico que está incluido en el precio y, una vez llegamos al taxi, le decimos al taxista que queremos ir a desayunar, que tenemos hambre.

Nos lleva a un restaurante del que seguro que tiene comisión pero es en el que hemos comido el mejor Pollo tandori de todos los que hemos probado. Y nosotros que, por la hora, íbamos a intentar desayunar…

Tenemos fuera del restaurante al taxista y al guía esperando a la sombra, porque nos van a llevar a un taller de tallaje en mármol. Un poco “encerrona” pero, como no vamos a comprar nada, aprendemos un poco más cómo se hizo el Taj Mahal, así que nos sale rentable.

El taxista nos quiere llevar a casa pero le decimos que nos lleve al fuerte rojo de Agra, que nuestro amigo Pepe nos ha dicho que es visita obligada. ¡Y vaya si lo es!

Me llama la atención el uso de la esvástica en la arquitectura india (bastante habitual) pero es que representa las dos formas del Brahman (concepto impersonal de Dios). Si está en sentido de las agujas del reloj representa pravritti (Dios creador Brahmá) y si está en sentido contrario representa nivritti (Dios destructor Shivá). Cientos de años después, la Alemania Nazi se apropió del símbolo.

El Fuerte Rojo está aproximadamente a 2,5km del Taj Mahal pero por la polución casi ni se ve (y más si tienes montado un objetivo Gran Angular). Tiene unas vistas espectaculares del atardecer del Taj Mahal. Hoy en día es Patrimonio de la Humanidad y es la fortaleza más importante de la India.

Nuestro guía es un fichaje, empeñado en que nos hagamos fotos en todos los lados. Habla inglés y ruso y dice que son los que dejan mejores propinas (dejándola caer…).

Se despide de nosotros y, sin que él lo pida, le damos una propinilla porque, la verdad que estuvo muy bien. Nos dijeron que no pagásemos al guía, que estaba pagado. Aún así, queríamos recompensarle… Pues con todo su morro, nos dice que es poco. Le decimos que ni le deberíamos dar nada, que nos hemos informado y ya está pagado. Nos suelta un “Ok, thanks” y desaparece entre la gente.

Llegamos tarde a Delhi, porque el viaje de vuelta son unas 4h30m. Tampoco son tantos km pero las carreteras son malísimas. Casi nos matamos al ir a unos 100km y aparecer una vaca tirada en mitad de la carretera. Andoni ni se despertó.

A unos 30min para llegar a Delhi, el chofer se para en el arcén, coge algo del maletero y se va. A los 5 minutos, vuelve y se pone a limpiar el coche. Lo que había sacado era un cubo con un trapo húmedo.

Hoy toca cenar en el hotel y a dormir.