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#Currytrip DIA 9 – Reserva y viaje desde Jaipur a Calcuta vía Delhi

9/22 · (2012-10-27)

Nos levantamos tarde, vamos a reservar el billete para irnos al día siguiente a Calcuta desde Jaipur pero ya no hay… ¡Han volado! (valga de redundancia). Nos ponemos a buscar opciones para ocupar los días antes de ir a Calcuta y sale la opción de pasar unos días en Bombay pero cualquier pago con tarjeta internacional no es factible. ¡Estamos atrapados!

Llamamos a Gattu y se acerca al hotel y, después de explicarle nuestros problemas, nos sugiere ir de Jaipur a Delhi (bus o tren) y de ahí, vuelo a Calcuta. Es el “viaje más natural”, dice. Pinta muy bien, peeeeeeeero hoy es el día grande de Jaipur y todos los buses/trenes para mañana están repletos en cualquier dirección; tanto saliendo como entrando de Jaipur. Gattu nos comenta que tiene un amigo en una agencia, que igual puede hacer algo, así que nos montamos los 3 en su moto, Gattu, yo y Andoni (en ese orden para que entendáis la foto de abajo), no somos precisamente pequeños, todos sin casco, y vamos rumbo a la agencia pero, al llegar, descubrimos que esta cerrada… ¿No hemos dicho ya que era el día grande de Jaipur? Así que toca volver al Hotel. Los tres. Sin casco y, esta vez, además, en dirección contraria. ¿Quién dijo miedo?

Gattu llama a su amigo de la agencia (le suele reservar sus viajes) y nos coge un bus para Delhi hoy mismo a las 22.30h y, bajarnos en Dhaula Kuan y allí coger un tuctuc que nos lleve directamente al aeropuerto porque tenemos el vuelo a Calcuta a las 9.30h de la mañana.

Hemos tardado como 3 horas en comprar todos los billetes, porque el chico de la agencia no acertaba a escribir bien el nombre de Andoni Munduate (Antoni Mumduate) y lo ha escrito mal 3 veces…

No estaba en los planes, pero salimos un día antes de lo previsto rumbo Calcuta, así que tenemos que avisar en el hotel que necesitamos nuestra ropa lavada antes de las 20.00h y al primo de Andoni, que en menos de 24h estaremos por Calcuta.

Llaman a Gattu avisándole que ha venido el fontanero con el baño nuevo, así que nosotros cenamos algo rápido y preparamos las maletas. A las 21.30h viene Gattu a despedirse y avisa al chico del tuctuc dónde nos tiene que dejar exactamente ya que la parada es “la urbana”. Menos mal que el chico del tuctuc estaba avisado, porque ¡eso no parece una parada de bus!

A cada bus que llega a la «parada», vamos “preguntando” (con la reserva en la mano) si ese es nuestro bus hasta que, finalmente, el chofer de un Volvo nos dice que sí. El bus concuerda con la hora así que, nos subimos. No muy seguros.

Justo delante tenemos un bebe de no más de 2 meses llorando. Durante el viaje, se pega un pedazo de eructo y Andoni suelta: «Señora, ha tenido usted un indio». Gattu nos dijo que teníamos que ir a la terminal 1D (vuelos nacionales) y para ello, lo mejor era bajarse en la parada Dhaula Kuan.
Después de preguntar en todas las bajadas, bajamos. Andoni pisa a un niñito indio que, entre el peso de Andoni y que todos van en chancletas, se pone a llorar como un descosido. Ya tenemos a todos los indios mirando. Además, como nos ven los únicos blanquitos, empiezan a llegar los conductores de los tuctucs y los taxistas para llevarnos al aeropuerto. Todo esto, a las 4 de la madrugada. Nosotros, impasibles, ni caso a ninguno. Vamos a la cola de pre-order taxi y por 90r cogemos un tuctuc al aeropuerto.

Hace bastante frío y estamos muy cansados, pero lo primero que hacemos al llegar es facturar y cenar/desayunar una hamburguesa del KFC a las 5:00AM. Encima y para nuestra suerte, muy picante. A las 6:00h Andoni desayuna un chocolate caliente con un bollo. La espera se hace larga y hablamos, incluso, de cómo vuelan los aviones. Yo espero de pié, porque me da miedo sentarme y dormirme…

[Como soy muy tonto, estas dos últimas fotos se llaman «En fila India».]

Llega la hora de embarcar, montamos y vamos todo el vuelo paralelo al Himalaya. ¡Qué pasada!

Según vamos descendiendo descubrimos que la polución no es cosa solo de Delhi y que Calcuta también la tiene en abundancia.
Aterrizamos y cogemos un taxi hasta la casa de Iñaki, el primo de Andoni. Yo voy como un niño pequeño mirando todo por la ventana. Cientos de cosas me llaman la atención a pesar de llevar unos días en India ya…

#Currytrip DÍA 6 – Llegada a Jaipur, Gattu y la quema de Ravana

6/22 · (2012-10-24)

Hemos decidido que hemos visto bastante de Delhi, nos encanta pero tenemos que dosificar los días. Nos vamos habiendo visto solo una ínfima parte de la capital de India, pero encantados. Nuestro próximo destino es Jaipur, donde tenemos a un amigo de unas compañeras de trabajo esperándonos. Nos va a hacer de guía (es su trabajo): GATTU.

Nos levantamos, recogemos todo, buscamos al chico que tenía nuestra ropa lavando y planchando por un precio irrisorio y hacemos el check-out del hotel.

Cogemos un tuc-tuc que nos lleva a Bikanner house, que es uno de los cientos de sitios de los que salen autobuses de Delhi (sería muy gratuito llamarlo estación de autobuses). Nuestro amigo indio, GATTU (habla perfectamente castellano), nos avisa que tenemos que pedir ir en autobús, cito textualmente, «de lujo VOVO».

Después de hacernos entender con el vendedor local, cogemos las últimas dos plazas del bus de lujo VOLVO para Jaipur que sale en 5 minutos (cuesta 730r por cabeza). El siguiente no sale hasta la noche.

[Este bus, aunque estuviese vacío, saldría de Delhi porque los Volvo los gestiona el Gobierno. Puede ser que compres billete para otro y, por no salir rentable, no salga y te quedes con cara de tonto.]

Seamos claros, lujo como tal, poco, pero el aire acondicionado en un autobús lleno de indios bajo un sol de justicia es impagable. Y cuando digo lleno, es lleno. No hay ni un hueco libre y somos los únicos blancos de todo el autobús.

Andoni y yo vamos en la última fija del autobús (en los dos últimos huecos libres), botando en cada bache de la carretera. Incluso, mientras dormía, hay un bache que me hace tocar el techo con la cabeza. Y no exagero ni una pizca.

Durante el trayecto de unas 4 horas y 250km (haceros una idea del estado de las carreteras), ponen una película de Bollywood. El 90% de las pantallas del autobús no funcionan (están en los respaldo), así que la vemos en la del vecino de dos filas más adelante. Cuando está a punto de terminar, y de repente, paran en mitad de la nada para comer. Restaurante también regentado por el Gobierno.

Cuando retomamos el viaje, nos repiten unos 20 minutos de película hasta llegar al punto de corte (por si nos habíamos perdido algo del brillante guión) y, a los 5 minutos, se congela y se para. Pues nos quedamos con la duda de si se lleva a la chica o no…

[Pincelada del viaje: El indio que está en nuestra misma fila pero en la ventanilla contraria se mareó y empezó a vomitar. Parece que fue tan repentino que se echó la pota en el pantalón y se lo limpia con la cortina. ¿Y el siguiente viaje? ¡Mejor no saber!]

El autobús nos para en una parada que no es la nuestra porque hoy es el día grande Jaipur y está todo cortado (no teníamos ni idea hasta que hemos llegado). Gattu nos estaba esperando en la estación de autobuses para llevarnos al hotel, así que no sabemos dónde estamos ni sabemos a dónde vamos. Tras un intercambio de SMSs, nos manda: el nombre del hotel, la dirección y el precio. No nos deben de cobrar más de 200r.

Los chicos de los tuc-tuc se pelean (literalmente) por llevarnos pero siempre intentamos buscar a conductores con buena pinta. Los únicos que aceptan 200r son dos chicos jóvenes que, una vez montados, nos damos cuenta que no tienen ni idea de dónde está el hotel. Van parando a preguntar y nadie parece saber. Al final, y después de unos 30mins, nos llama Gattu preocupado, le paso el teléfono al conductor y después de unos segundos, cuelga. Damos media vuelta y tras 40 minutos, llegamos.

Allí está Gattu, esperándonos. Nos presentamos, le doy los regalos que me habían dado mis compis de curro por su boda en diciembre, y planificamos la estancia. Todo en unos 20 minutos porque, como es día de fiesta, nos ha preparado una excursión a su barrio (clase media-alta) a ver cómo lo celebran ellos.

Jugamos con niños, les ganamos el dinero a jóvenes (es tradición hacer como una feria con puestos en los que jugarse las rupias). Había varios puestos, pero donde sacamos “los cuartos” fue jugando al “Mayor o menor de 7”. El juego trataba de apostar si el valor total de la suma de dos dados iba a ser mayor o menor que 7. 7 ganaba siempre la banca. Les ventilamos la mitad del bote a los pobres… También había juegos de tirar latas con 3 pelotas, meter monedas en vasos, pistolas de balines, etc.

Tomamos un pequeño aperitivo en un puesto de la calle (un hojaldre relleno de algo con sabor a menta -recuerdo que también tenía limón- que no me gusta nada) y cenamos dentro, en un self-service familiar-callejero. ¡Im-pre-sio-nan-te!

Preguntamos por cómo hacen la comida y nos llevan a donde hacen roti (pan).

La festividad es porque van a quemar una representación de Ravana, el rey de los demonios. Toda la urbanización está allí.



Todos quien hablar con nosotros, tocarnos, saludarnos, saber más de nosotros, hacerse fotos con nosotros pero sin querernos vender nada, que es algo nuevo para nosotros. Tenemos el placer de conocer a la madre y padre de Gattu, su sobrina y cuñada y muchos amigos (exportador de piedras preciosas, guías, propietario de una tienda de telas…).



Nos vamos a dormir al hotel, tarde, pero con la sensación de haber vivido algo impresionante: Integrarnos en una festividad con gente local. Eso es algo que poca gente tiene la oportunidad de hacer…

Cada vez que entramos en el hotel, en la puerta principal, tenemos al «sargento bigotes» (un ex-militar) que se cuadra y saluda a lo militar cada vez que paso YO. Andoni está bastante mosqueado por que con él no lo hace. Vaya él primero o segundo… Solo a mí.