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Currytrip DIA 12 – Una mala noche, Oberoy 5 estrellas y paseo nocturno por Calcuta

12/22 · (2012-10-30)

Me levanto y Andoni me dice que ha pasado la noche en vela: vomitando, se ha pegado 3 duchas frías… Yo, ni me he enterado. Así que cambiamos el plan de ir a Darjeeling por el de quedarnos en Calcuta a no hacer nada. Invertimos el dinero de vuelos, hoteles, transporte y demás en coger 2 noches en el Hotel Oberoi, un 5***** con piscina. Mejor perder Darjeeling que Varanasi…

Llegamos, hacemos el check-in y Andoni va a pegarse un baño en la bañera, con agua caliente ilimitada y yo, mientras tanto, me bajo a la piscina. A los 40 minutos baja Andoni, se da un chapuzón y, porque no se bañe solo, le acompaño. Nos torramos un poco al sol y decidimos irnos a comer algo al restaurante del hotel. La carta es inmensa y cara, pero hay una cosa que nos llama la atención: Una hamburguesa de ternera. ¿En la India? Bueno, por algo será un 5 estrellas…

Después de la comida, Andoni quiere echarse la siesta, así que yo, me bajo otra vez a la piscina. Ahora con el ipod a escuchar música y a no hacer completamente nada. Lo malo de todo esto es que a las 17:00h se hace de noche y, aunque hace calor, estar en la piscina de noche y solo en una hamaca es un poco raro, por lo que decido subir a la habitación, me preparo y me voy a dar una vuelta cámara en mano. Dejo a Andoni metido en la cama y con las luces apagadas.

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La vuelta empieza normal, con mucha gente ofreciendo cosas. Yo, sin hacer excesivo caso a nadie, comienzo a callejear. No tengo miedo a perderme, porque llevo un tarjeta del hotel y dinero para el taxi.

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Tras 45 minutos me adelantan dos chicas indias. Se ríen, les río, siguen. Frenan, les adelanto, ríen y río. De repente, me empiezan a hablar. Que qué hago aquí, que de dónde soy y, cuando se enteran que hablo español, una de ellas empieza a hacer esfuerzos por hablar conmigo en castellano. Que está aprendiendo. Me recomienda ir a los jardines Victoria, dar un paseo por la zona del mercado y también un restaurante callejero que hay cerca del hotel para cenar. Se despiden de mi con la frase “nos volveremos a ver, aunque igual no en esta vida”.

De tanto hablar andando (o andar hablando), he perdido el rumbo. No tengo ni idea de donde estoy, así que he intentado dar media vuelta y tratar de seguir mis pasos. Sobre papel parece un buen plan, pero tampoco lo he conseguido.

He llegado a un sitio donde había muchos niños subidos en furgonetas bailando y cientos de adultos bailando…  No sé si será por Halloween u alguna otra festividad, pero les he seguido un rato tratando de integrarme. No lo he conseguido: soy el único blanco en muchos metros a la redonda.

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He seguido caminando y me he parado a comprar un regalo a mi madre, que le gustan mucho los elefantes y he visto uno que era una elefanta con un elefantito en la tripa, así que me he parado y ha empezado la negociación. Me pedía 650r (8,5€), pero como en India todo se regatea, le he dicho que no llevaba encima más de 100r. Evidentemente, me ha contestado que eso es muy poco, que me lo guardaba y lo compraba al día siguiente. Se me ha ocurrido decir que me marchaba hoy, que era mi última vuelta por la ciudad y le he demostrado que no tenía más dinero (sí que tenía, pero lo llevo repartido en varios bolsillos de la cartera y solo he enseñado uno) y, después de un par de amagos de irme, ha aceptado.

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El hermano del tendero, que estaba ahí -Ranjit-, me pregunta si era español, que tiene una madre española que le dio dinero para el colegio, los libros, el uniforme y todo lo demás. Que si no fuese por ella no sería quien es, que se llamaba Alejandra, que vive en Málaga y que tiene 3 hijos -sus hermanos-. Todo esto me ha sonado un poco a mentira pero me ha enseñado un teléfono en el móvil con un +00346xxxxx llamado Mama Alejandra. Me dice que le gusta mucho el fútbol español, pero solo el Barcelona y el Ath. Bilbao. Me lleva a su tienda de antigüedades, aunque sabe que “no tengo dinero”, me ofrece té, agua y cerveza y estoy un rato hablando allí con ellos. Me dice que espere un segundo, que va a buscar a su socio sabe mucho de fútbol (por un momento se me pasa por la cabeza el tráfico de órganos). Al final aparece Ranjit con su socio y empezamos a hablar de fútbol. Conoce a muchos jugadores, incluso, cuando se menciona al Athletic, empieza: Bielsa, Llorente, Iraizoz, Muniain… Ranjit le dice “Javi Martinez” y este contesta: “No. Munich. Pesetero”.

Le digo que estoy muy bien, pero que me tengo que ir y me lleva hasta la misma puerta del hotel, porque yo, seguía perdido. Lo más surrealista que me ha pasado en mucho tiempo.

Fin de semana en Tarazona

TARAZONA (ZARAGOZA)

Un mail de última hora fue el detonante de uno de los mejores fin de semanas que recuerdo. La logística también fue a contrarreloj ya que el resto de los integrantes del Tarazonatrip se desplazaba desde Madrid, por lo que tenía que conseguir llegar solo a Tarazona desde Zumarraga.

La mejor forma que encontramos (Pilar y servidor) fue cogiendo un tren hasta Tudela. Creía que todos los trenes que pasaban por Zumarraga paraban aquí, pero he descubierto que no, así que tuve que ir rumbo a Donosti para luego volver. En resumen, ir una hora en dirección contraria a Tarazona para luego volver. En teoría, y buscando con tiempo, se puede coger alguno de esos que hace parada en Zumarraga o pueblos cercanos.

Al llegar a Tudela, después de un viaje muy peculiar (me tocaron justo al lado los únicos niños de todo el vagón con una madre un poco liberal y, además, tuve varias paradas por averías técnicas del tren que iba delante), llegué a la estación de Tudela donde me estaba esperando Juan José con su taxi. Esos 15 minutos que hay desde Tudela hasta Tarazona dieron para mucho. Me enseñó cosas que no aparecen habitualmente en las guías: cuando el Moncayo tiene una txapela, hay que abrigarse porque es día de cierzo, cuales son los motes que se dicen entre provincias, cómo la re-inauguración de la catedral y, sobre todo, el paso por Tarazona de los príncipes de Asturias le ha dado un gran empujón al pueblo y es la excusa perfecta para ir, etc.

Juan José me deja en la entrada de mi hotel donde me encuentro, justo entrando, con el resto de integrantes de este blogtrip (#tarazonatrip): Jesus de Fotonazos, Miguel de Kebrantin, José Luis de guias-viajar, y Pilar. Nuestro hotel se trataba de La Merced de la Concordia, que está en pleno centro de Tarazona. Consta solo de 7 habitaciones, pero qué habitaciones…

Como teníamos algo de tiempo hasta la primera actividad (la cena), nos lavamos la cara, cambiamos de camiseta y Jesús, Miguel y yo decidimos dar una primera vuelta de reconocimiento por Tarazona (cámara en mano, por supuesto).

El ayuntamiento, junto con el monumento al cipotegato, nos reciben en primer lugar. Nosotros estamos aún sin una idea clara de qué se trata eso del cipotegato a pesar de tener un nombre tan peculiar.

Seguimos andando y llegamos a los puentes que cruzan el río Queiles, que nos ofrecen unas vistas de postal. La primera impresión de Tarazona en la hora azul es espectacular: MUY digna de ver.

Nos juntamos con Lola, de Tarazona monumental, y con Helga, RRPP de Tarazona y fuimos a tomar un pincho al único bar con temática de fútbol. Casualmente del Athletic de Bilbao… ¡Cómo se rieron de mí!

Cenamos junto al río Queiles, en el restaurante Saboya 21 donde Manolo nos iba explicando de qué se trata cada plato. Aunque la comida sea igual, cómo mejora con buena compañía y con un chef al que ves que disfruta con su oficio. Le hacemos innumerables preguntas y nos saca de todas las dudas que tenemos. Incluso algunas que vienen de lejos (anchoa-boquerón). Al final, acabamos llorando de risa (puede que el vino blanco ayudase).

Al salir con la tripa repleta, decidimos dar una vuelta para bajar la cena ya que Tarazona se encontraba el 5, 6 y 7 de Octubre en plenas fiestas en honor a San Atilano, patrón de Tarazona. Vamos tarde para el concierto de la plaza de toros vieja (Despistados) pero acudimos a tomar un refrigerio al bar Goya. Allí, Jesús, nos deleita con una de las mejores frases del viaje (lo mejor fue cómo lo dijo): “De joven pensaba que los que iban al bar con mochila eran unos frikis”. Allí estábamos Jesús, Miguel y yo con la mochila de la cámara.

Nos fuimos a dormir pronto, que el sábado prometía.

Nos levantamos y desayunamos en el hotel y comenzamos con la visita guiada a Tarrazona junto con Noelia, nuestra guía: Plaza de España, ayuntamiento y monumento al Cipotegato, barrio de la Judería y casas colgadas, Palacio Episcopal, iglesia y torre de la Magdalena, barrio del cinto y murallas, Plaza de toros vieja, Palacio de Eguarás, iglesia y claustro de San Francisco. Todo esto antes de parar a comer, sin agobios ni prisas. Ligeritos.

Además, como foteros que somos, íbamos parándonos en todos los sitios sin llegar a perdernos pero separándonos… Innumerables historias que vendrán en siguientes posts, pero solo adelanto que tuvimos varios incidentes con las palomas de la torre de la Magdalena.

Después de tomar un refrigerio en la plaza vieja de toros, nos dirigimos al centro, ya que la radio de Tarazona nos iba a hacer una entrevista. Los entrevistados fueron Miguel y Jose Luis por ser los que más tablas tenían. La expresión “hacerse el bicho bola” que me recrimina Pilar viene de aquí, puesto que cuando dijo a ver quién quería hablar en la radio, me acurruqué y no levanté la vista por si había contacto visual… :)-

De ahí nos fuimos a comer al restaurante (y también hotel) Brujas de Bécquer junto con Waldesca Navarro, Concejala de Turismo de Tarazona y Julio Zaldívar, gerente de la Fundación Tarazona monumental. El menú: comida sefardí.

Después de comer, y a la hora del café, nos dieron una pequeña charla sobre la actividad turística y cultural de Tarazona para que nos quedase claro qué hacía cada uno, cómo iba todo y los planes de futuro.

Por la tarde, pudimos comprobar de primera mano el trabajo de restauración de la Catedral de Nuestra Señora de la Huerta de Tarazona, que está de nuevo abierta después de 30 años cerrada al público. Allí entendimos el por qué de la expresión “quedarse con la boca abierta”. Gran parte porque estuvimos mirando hacia arriba pero también por lo impresionante del habitáculo. Después de unas 2 horas en la catedral (da para mucho), pudimos ver un audiovisual de 10 minutos mostrando el estado en el que se encontraba la Catedral cuando empezaron con los trabajos de restauración. Se contaba con tecnología punta ya hace 20 años y todos nos acordamos del programa “Megaconstrucciones”.

La cena la tuvimos en el restaurante de La Merced de la Concordia. Sí, nuestro hotel, del que pensábamos irnos a dormir para estar frescos al día siguiente, pero nos llamó Lola que había un sitio que hacía unos Gin&Tonics espectaculares y Jesús, Miguel y yo decidimos ir, casi obligados. ;)-

El bar era el Café teatro y los G&T eran tan espectaculares como nos avisó Lola. De ahí decidimos ir a tomar otro G&T e irnos a dormir, pero se nos fue bastante de las manos… ¡Tarazona también tiene mucha vida nocturna! De lo sucedido, que Orillena existe, conversaciones sobre el Ecce Homo en el WC de algún bar y poco más puedo revelar. Nada más…

Desayunamos a las 9:00h en el hotel Condes de Visconti y partimos rumbo al Parque Natural del Moncayo. Al llegar, previo paso por la cuesta mágica (#mistery), pasamos por el centro de interpretación donde nos explicaron un poco de lo que íbamos a ver. Cogimos itinerario botánico de Agramonte y dimos una vuelta genial por el Mocayo descubriendo cabras monquesas, hormigueros gigantescos (igual que las hormigas), los acebo machos y los acebo hembras, y unas vistas espectaculares con el otoño cogiendo fuerza en el parque.

Volvimos al punto de encuentro pasando por Agramonte, donde pudimos comer (repetimos) mermelada de boletus. ¡Cómo estaba!

El último destino turístico del viaje fue el Monasterio de Santa María de Veruela. Fue allí donde personalmente me quedé más alucinado porque no me esperaba un interior tan brutal.

Para la última comida fuimos, de nuevo, al restaurante Brujas de Bécquer donde el chef nos sorprendió totalmente(y nuevamente). Puede que algunos fuésemos pensando en pedir una ensaladita, pero tuvimos un menú de alta cocina…

Un poco antes de despedirnos, vino mi amiga Sarika, ya que desde las 16.00h hasta las 18,42h que salía mi tren pensábamos ir a tomar un café por Tudela peeeeeeeeeeeeero como es igual de friki que yo, acabamos yéndonos a Borja a ver el Ecce Homo. Esto dará para otro post porque tiene mucha-mucha historia, pero solo os digo que cuando llegué a la estación, la gente se había bajado del tren. Y eso que me dejé muchas cosas en el maletero del coche. Echando la vista atrás me río (y mucho), pero menudo apuro.

¿Qué os ha parecido mi fin de semana en Tarazona?
Ahora iré desgranando poco a poco los lugares que he mencionado aquí… :)-

¡Gracias a todos por hacerlo posible!

Tse Yang, un chino en el hotel Maria Cristina

DONOSTIA – SAN SEBASTIÁN (GIPUZKOA)
He tenido la suerte de poder pasar por el restaurante Tse Yang, abierto recientemente dentro del restaurante más lujoso de Donostia: el hotel Maria Cristina.[Antes de mostraros los platos, quiero pedir perdón por la calidad de fotos, pero esta parada gastronómica salió un poco de improvisto después de un día agotador. El iphone4S llegó con un 7% de batería al restaurante, sin ninguna otra cámara a mano, así que, tuvimos que racionalizar…]

A primera vista es un lugar impresionante, muy lujoso. No es un chino normal, con chinos de un lado a otro y mucho ruido. Eso, para mí, es parte del encanto de los restaurantes chinos… De lo poco que se oye son los tacones del maître de la sala.

Éramos los únicos autóctonos del restaurante (Gipuzkoanos digo).Los palillos me encantaron y como pueblerino que soy, estuve toda la cena pensando llevármelos a casa. Al final los retiraron, así que fue imposible. También, como pueblerino que soy, no pude evitar jugar mientras llegaba al primer plato. Incluso tuve que preguntar qué eran las salsas, ya que presidieron la mesa durante toda la cena (y más que fueron trayendo).Nos decidimos por el menú Szetchuan, porque era del único menú que tenía Sopa Wonton (plato favorito de Andoni) y encima, un avisaba que era ‘picante’.

El precio no es de los restaurantes chinos que suelo visitar, ya que por lo que aquí come uno, en otros pueden comer una media docena. Dos conceptos totalmente diferentes.Andoni pidió la carta de tés, pero no tenían. Eligió un té verde y viene con azucarillo autóctono de Café Aitona. La primera tetera vino casi vacía. Curioso.

Yo pedí agua para beber y me iban rellenando cuando se daban cuenta. Me gusta que me dejen la botella para que me sirva agusto y más si hay comida picante.Mientras esperábamos, nos trajeron algo que nunca supimos qué era. Rico estaba (un poco seco, pero lo usamos para probar las diferentes salsas), pero no hubiese venido mal una breve explicación… Nunca había probado la Sopa Wanton y creo que la voy a pedir más a menudo. Me gustó, aunque la sopa estaba un poco picantona (aunque es parte de la gracia). Como diría mi abuela, estaba un poco ‘bixigarri’. La pasta rellena estaba rica, aunque le faltaba un poco de ‘chicha’ según Andoni.El rollito de pato picante estaba muy jugoso. Me gustó. La salsa agridulce un poco espesa ayudó, pero un rollito partido por la mitad en ese pedazo de plato quedaba minúsculo.Tampoco había probado nunca el rollito de lenguado. Cuando llegó me dió la impresión que era un pan chino, pero el interior era como una enorme gamba con gabardina acompañada de verduras. Rico.El pollo con albahaca, el filete de buey ‘Szetchuan’ y el arroz blanco llegó a la vez. Me hubiese gustado que el pollo tuviese un poco de salsa para acompañar el arroz blanco, ya que soy de juntar el arroz con la salsa del 2º plato. Estaba tan rico que repetí un poco de todo (menos arroz, que sobró).El postre, muy típico chino: fruta de temporada. Piña, melón, kiwi y mango. No sé, nada chino.En general estaba todo muy bueno, lo que cada uno tiene que ver si compensa pagar ese precio.
Yo, dudo que vuelva.