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Currytrip DIA 11 – Paseo por el mercado de Calcuta y el atardecer en el Victoria Memorial

11/22 · (2012-10-29)

Nos levantamos medianamente pronto para ir a un mercado local, que nos han recomendado pasar por alguno en India. Podíamos haber ido en taxi, porque está bastante lejos, pero decidimos ir callejeando para descubrir Calcuta.


El mercado está resultando un completo fracaso y agobio por la cantidad de pesados que nos siguen todo el rato, sin dejar de molestar e, incluso, agarrando para vendernos cosas. Jugamos con ellos a girar, separarnos pero les da igual: tienen menos que hacer que nosotros.


Como decía, es un fracaso de excursión hasta que descubrimos la zona del matadero. Si, en mitad del mercado hay una zona en la que matan a los animales (cabras y gallinas sobre todo). Allí también encontramos a unos niños pastores con los que jugamos un rato y hicimos unas cuantas fotos. ¡No sabéis que cara ponen al verse en las pantallas de la cámara!¡Con qué son felices!


Al salir, vamos a comer un espectacular Egg and chicken rollin en Kati Roll, un puesto callejero del que todo el mundo habla y que aparece hasta en las guías. Increíblemente barato y delicioso.


Andoni quiere tomar el té en el hotel Taj Bengal, así que empezamos a andar en esa dirección, con tan buena suerte que atardece justo en frente del Victoria Memorial. Poco tiempo tenemos para hacer fotos, pero decidimos entrar y dar una pequeña vuelta porque la luz es impresionante. Si ya íbamos tarde, ahora vamos mucho más.


Seguimos caminando rumbo al Taj Bengal teniéndonos que agachar por los vuelos rasantes de unos murciélagos del tamaño de gatos. La caminata es digna de mención, pero seguimos embobados con el pais.

Estando tomando el té (yo un brownie con helado de vainilla), nos llama Iñaki que está con los ex-pat, que si nos animamos a cenar con ellos. ¡Pues claro!

Quedamos en el restaurante Peter Cat, en el centro de Calcuta, así que cogemos un taxi. La cena, y posterior sobremesa, se alargó hasta bien entrada la noche…

#Currytrip DÍA 3 – Old Delhi, Fuerte Rojo, té en el Hotel Imperial y templo de flor de loto

3/22 · (2012-10-21)

Aún con jetlag, y con el cosquilleo del primer día en Delhi, nos levantamos y vamos rumbo a Connaught place, que Andoni ha descubierto ‘Wenger’ (una genial pastelería de la hablaré en breve), y hemos cogido un tuc-tuc que nos lleva hasta Fuerte rojo.

De camino, hemos pasado bordeando Old Delhi y es espectacular. ¡El viaje más alucinante que he hecho en mi vida! ¡Todo me sorprende!

(Os dejo un video y unas fotos. El video se ve raro por los acelerones y frenazos del tuc-tuc).

Al llegar al Fuerte Rojo, nos abordan cantidad de indios pero, a pesar de llevar solo un día, los tenemos calados, y no les hacemos mucho caso ya que siempre quieren vender algo. Aparte, tampoco entendíamos qué decían…  Esto hasta que viene la policía, porque lo que querían era avisarnos que había una cola para occidentales y a diferente precio. Los indios pagan 10r por entrar y los occidentales 400r. Nos saltamos la enorme cola de indios y vamos directamente al detector de metales.

El fuerte es espectacular, con muchas ardillas en sus jardines, pocas zonas de sombra y algunos museos con vitrinas pero con mucho mucho calor y, por consiguiente, olor.

Salimos de  allí y somos abordados por decenas de conductores de tuctuc, vendedores de comida, un vendedor de chupachups caseros, vendedores de cabras y demás gente nativa.

Como vemos que hay mucho atasco, decidimos andar un poco hasta pasarlo y coger más adelante el tuctuc, pero después de andar un rato no se acaba, así que cogemos un tuc-tuc que nos lleve hasta el Hotel Imperial a tomar el “high tea”, que es uno de los sueños de Andoni.

El té del Hotel Imperial de Delhi es el primer y único té de mi vida. No me hace mucho chiste pero, ¿qué mejor sitio para decir que tomé mi primer té que allí? En total pagamos 2467r por 2 high teas (y su ‘buffet’).

A mí me parece caro, pero Andoni dice que es el mejor té que ha probado en su vida y los scones, también. Y doy fé que ha tomado muchos, así que, parece que merece…

¡¿Véis qué cara de felicidad tiene?!
[Como curiosidad, se coló una mosca en la sala del café y llamaron a un chico con una raqueta para matarla. Había oído que hay te-boy para el té, pero esto es…]

Al salir, cogemos otro tuc-tuc para ir al templo de flor de loto. Le hemos preguntado si estaría abierto a estas horas (17:00h) y nos ha dicho que sí. Al llegar, ¡cerrado el paso!.

Se le veía enfadado y se ha metido por callejuelas, intentando llegar a la puerta de atrás pero nos paraban en todos los lados. Estuvo, muy cerca de llegar a las manos con la policía, pero al final, la foto desde la lejanía…


El conductor del tuc-tuc (Sunil) se ha ofrecido para hacernos de guía lo que quedaba de día (aunque fuese de noche), así que le hemos dicho que queríamos comprar comida (Andoni quería llevarse cientos de especias), pero no nos ha debido entender bien, ya que, después de 20 minutos zigzagueando entre coches, hemos llegado a una zona de restaurantes. Le hemos vuelto a explicar que queríamos comprar comida SIN HACER.

Esta vez nos lleva a un mercado de comida  y nos podemos a callejear. No tenemos ni idea del nombre, porque nos lo dijo como 12 veces, pero cada vez le entendíamos una cosa. Como todo el día, ningún occidental a la vista y tiene pinta de que han visto poco por allí. Eso es lo que queríamos.

En las largas travesías con el tuc-tuc hemos estado hablando con Sunil sobre la vida en India:

  • Paga al día 300r por el alquiler del tuc-tuc y suele ganar más o menos, otro tanto.
  • Llenar el depósito del tuc-tuc le puede costar unas 45r.
  • Está casado y tiene 2 hijos a pesar de tener 28 años.
  • La ocupación de su mujer: “ama de casa, por supuesto”.
  • No tiene horario claro de empiece de trabajo, pero no trabaja nunca hasta más de las 23.00h, “es peligroso”.
  • Vive en un barrio bueno, donde mataron a Ghandi.
  • Él es hindú y vegetariano a medias: “Yes. Well no. Well difty-fifty.”

 

Después de cruzarnos con un elefante que iba por mitad de la calle, nos lleva al hotel, le damos 1000 rupias, y cogemos su número de teléfono por si acaso lo necesitamos. Nunca se sabe.